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El sentimiento del Esquiú
Si hay algo que nos caracteriza a todos los ex- alumnos, es el gran sentimiento de "pertenecer" a la gran familia Esquiú.
Amor especial que brota cuando nos encontramos por la vida, ya sea con ex - compañeros o con los hermanos o padres de nuestros amigos.
Recién cuando uno crece y tiene que poner en práctica lo que aprendió en el colegio, toma una dimensión exacta de los valores que se fueron formando durante esa etapa y que estaban como latentes.
El Esquiú nos dio por sobre todas las cosas valores espirituales y humanos, y especialmente, me atrevería a decir "calidez" en esos valores, o sea, la gracia de poder irradiarlos diariamente, con sencillez, en nuestras vidas.
Nos educó también con libertad y poder de decisión, con ternura pero con firmeza, permitiéndonos aprender de nuestros errores, para así poder corregirlos.
Nos enseñó junto con nuestras familias a saber distinguir entre lo que está bien y lo que está mal, sin darnos cuenta aprendimos sobre "la ética", que quedó grabada a fuego en nuestros corazones.
Aprendimos el don de la amistad, el don de compartir, el don de ayudar, de ser sensibles con los demás, de buscar a Dios en todas las cosas, de vivir en la verdad, y el de llevar vidas espirituales llenas de sentido, que no se dejan conmover por el consumismo y el modelo de vida light.
Siempre buscamos la verdad y el sentido profundo de las cosas.
Creemos en la familia y en su gran fuente de inspiración para la vida.
Diría que el Esquiú nos preparó para la vida, siendo fuertes espiritualmente, teniendo confianza en nosotros mismos, sintiéndonos valiosos, y dándonos alas para que nuestros sueños e ideales se puedan cumplir.
Podríamos decir que el Esquiú nos educó priorizando la formación espiritual sobre la académica dando como resultado personas íntegras, sólidas, seguras, solidarias, responsables, confiables y sensibles.
Gloria Moller Ex - alumna Promoción 1980
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